No hace mucho, publicábamos cuál es el
horario ideal para realizar ejercicio físico. Tal vez habrás leído sobre
nuestros consejos para empezar a hacer ejercicio. Todo sea en pos de una vida saludable
y un cuerpo cuidado y en forma.
Pero, como todo, hay que cuidarse de los excesos, y de no
caer en una obsesión enfermiza. Siempre escuchamos de los cuidados en las
comidas: que no comer demasiado, o muy poco; el riesgo de desembocar en el
desorden alimenticio...
Pero también existe otro riesgo, y no es tan divulgado, y es
el de la cantidad de ejercicio físico que hacemos a diario. Y es igualmente
importante, porque también se cae en el riesgo de que algo bueno, no resulte
serlo si se practica en demasía.
Surgen los interrogantes: ¿Cuál es el límite? ¿Existe el
exceso de ejercicio?
Antes que nada, debemos entender que el exceso de ejercicio
es un trastorno psicológico, que va más allá del gusto o la necesidad de
estirar un músculo. Según especialistas, este trastorno refleja algún problema
emocional, que puede ser desde una inseguridad sobre el peso, a una depresión.
Así, la persona se obsesiona con una rutina de ejercicios.
Se pasa el tiempo planificando días y horarios en los cuales puede realizar la
actividad; y si no está corriendo, se la pasa en el ginmasio, o en los
elípticos...
Al igual que otras adicciones, las personas se aislan de su
entorno, porque se pasan la mayor pare de su tiempo en el gimnasio o el parque.
Y como todos estos trastornos, las respuestas acaban en mentiras, y en realizar
la actividad a escondidas.
Pero... ¿Cómo distinguir a una persona enferma de un atleta
saludable? Es muy sencillo: mientras que un atleta busca entrenar para una meta
específica, como por ejemplo una maratón, el obsesivo lo hace por una
frustración. Esta por lo general es con su cuerpo y lo que intenta conseguir
afanosamente es quemar calorías a más no poder.
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