martes, 25 de marzo de 2014

¿ Por qué es inteligente hacer ejercicio?


Probablemente habrás oído incontables veces que hacer ejercicio es "bueno para ti" pero ¿sabías que, de hecho, también puede ayudarte a sentirte bien? Hacer la cantidad adecuada de ejercicio puede aumentar tus niveles de energía e incluso ayudarte a encontrarte mejor desde el punto de vista emocional.


Los expertos recomiendan que los adultos hagan más de 60 minutos de actividad física entre moderada y vigorosa cada día.

El ejercicio es bueno para todas las partes del cuerpo, incluyendo la mente. El ejercicio hace que el cuerpo produzca endorfinas, unas sustancias químicas que nos hacen sentir en paz y felices. El ejercicio puede ayudar a algunas personas a dormir mejor. También puede ayudar en los problemas de salud mental, como la depresión leve y la baja autoestima. Además, el ejercicio puede proporcionar una verdadera sensación de logro y orgullo cuando se alcanzan determinadas metas -como batir el record personal de 100 m lisos.

El ejercicio puede ayudar a tener mejor aspecto. La gente que practica ejercicio quema calorías y se ve más enjuta que la que no lo practica. De hecho, hacer ejercicio es una de las mejores formas de mantener un peso saludable.


Hacer ejercicio para mantener un peso saludable también reduce el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades, incluyendo la diabetes tipo 2 y la hipertensión arterial. Estas enfermedades, que solían ser propias de los adultos, cada vez son más frecuentes en los adolescentes.

El ejercicio ayuda a envejecer bien. Las mujeres son especialmente proclives a un trastorno denominado osteoporosis (debilitamiento de los huesos) cuando se hacen mayores. Los estudios han constatado que los ejercicios que implican cargar el propio peso, como correr o andar deprisa, ayuda a las chicas (¡y a los chicos!) a mantener fuertes los huesos.

Una rutina de ejercicio físico bien equilibrada consta de tres componentes: ejercicio aeróbico, ejercicios de fuerza y ejercicios de flexibilidad.

Ejercicio aeróbico

Como cualquier otro músculo, a tu corazón le gusta estar en forma. Y tú le puedes ayudar a lograr su objetivo practicando ejercicios aeróbicos. Por ejercicio aeróbico, entendemos cualquier tipo de ejercicio que hace que el corazón lata más deprisa y que los músculos utilicen oxígeno (te darás cuenta de que tu cuerpo está utilizando oxígeno porque respirarás más deprisa).

Si practicas este tipo de ejercicios regularmente, se te hará más fuerte el corazón y el oxígeno te llegará mejor (a través de los glóbulos rojos) a todas las partes del cuerpo.

Además de estar activo cada día, los expertos recomiendan que los adolescentes hagan por lo menos tres sesiones de 60 minutos de actividad física vigorosa cada semana. Si formas parte de un equipo deportivo, probablemente estás haciendo más ejercicio del indicado en esta recomendación, lo que es genial. Algunos de los deportes de equipo que proporcionan un importante entrenamiento aeróbico son la natación, el baloncesto, el fútbol, el balonmano, el jockey y el remo.

Pero, si no practicas ningún deporte de equipo, no te preocupes; hay multitud de formas de hacer ejercicio aeróbico, sea a solas o en grupo. Esas formas incluyen ir en bici, correr, nadar, bailar, patinar, practicar esquí de travesía, hacer montañismo y andar deprisa. De hecho, es más fácil seguir practicando los tipos de ejercicios que se practican a solas al finalizar los estudios secundarios e iniciar los universitarios, lo que facilita mantenerse en forma durante la etapa adulta.

Ejercicios de fuerza

El corazón no es el único músculo que se beneficia de la práctica regular de ejercicio -a la mayoría de los demás músculos de tu cuerpo también les va bien hacer ejercicio. Si utilizas los músculos y los fortaleces, podrás estar activo durante períodos de tiempo más largos sin agotarte. 

Los músculos fuertes también tienen la ventaja de ayudar a proteger las articulaciones durante la práctica del ejercicio y a prevenir las lesiones. Además, el músculo quema más energía que la grasa cuando una persona está en reposo, de modo que el hecho de desarrollar los músculos te ayudará a quemar más calorías y a mantener un peso saludable.

Distintos tipos de ejercicios fortalecen distintos tipos grupos musculares, por ejemplo:

  • Para fortalecer los brazos, prueba el remo o el esquí de travesía. Las flexiones, aquellas viejas amigas de las clases de gimnasia, también son buenas para desarrollar los músculos de los brazos.
  • Para fortalecer las piernas, prueba correr, ir en bici, el remo, o patinar.
  • Para tonificar los músculos abdominales, no olvides el remo, las clases de pilates y el yoga, y los abdominales.

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Ejercicios de flexibilidad

Fortalecer el corazón y los demás músculos no es la única meta importante de hacer ejercicio. El ejercicio también ayuda a mantener el cuerpo flexible, lo que significa que los músculos y las articulaciones se estiran y doblan con facilidad. Las personas flexibles no tienen que preocuparse tanto por las distensiones y los esguinces. 

La flexibilidad también puede ayudar a mejorar el rendimiento deportivo. Algunas actividades, como el baile o las artes marciales, es obvio que requieren una gran flexibilidad, pero la flexibilidad también puede ayudar a rendir más en otros deportes, como el fútbol o la natación.

Los deportes y actividades que fomentan la flexibilidad son fáciles de encontrar. Muchos centros de enseñanza secundaria tienen programas de gimnasia. Las artes marciales como el kárate también ayudan a trabajar la flexibilidad. El ballet, las clases de pilates y el yoga son buenas opciones. 

Hacer ejercicios de calentamiento antes de entrenar y ejercicios de estiramiento sencillos al final de la sesión de entrenamiento también ayuda a desarrollar la flexibilidad.

¿Qué es adecuado para mí?

Una de las principales razones de que la gente abandone los programas de ejercicios es la falta de interés. Si lo que estás haciendo no es divertido, es difícil que lo sigas haciendo. La buena noticia es que puedes probar multitud de deportes y actividades hasta dar con el que te más te inspire.

A la hora de elegir el ejercicio adecuado para ti te puede ayudarte reflexionar sobre cuál es tu personalidad deportiva. Por ejemplo, ¿te gusta hacer ejercicio solo y sin tener que adaptar tu horario al de otras personas (en cuyo caso, tal vez te irían bien los deportes que se practican a solas, como el ciclismo o el snowboard), o te gusta la motivación compartida y el compañerismo asociados al hecho de formar parte de un equipo?

También deberás considerar los aspectos prácticos, como si la actividad que has elegido es asequible a tu bolsillo y accesible (por ejemplo, actividades como montar a caballo son más difíciles para las personas que viven en una ciudad) y cuánto tiempo puedes dedicar a la actividad.

Es una buena idea conversar con alguien que entiende sobre ejercicios como un entrenador o un asistente de gimnasio. El o ella pueden ayudarte a empezar un plan de ejercicios que sea adecuado a tu estado físico.

Otra cosa a tener en cuenta es el tema de tu estado de salud física y como el ejercicio puede afectarla. Los médicos saben muy bien que a la gente le hace bien el ejercicio de condicionamento, incluso aquellos con minusvalía física o con enfermedades crónicas como el asma. 

De todos modos si tienes un trastorno de salud u otros temas a considerar (como sobrepeso o mal estado aeróbico) habla con tu médico antes de comenzar el plan de ejercicios. Así puedes saber de antemano que ejercicios evitar.

Deporte y dolor de espalda, incopatibilidades


El dolor de espalda es un mal que padecen millones de personas. Las lesiones de espalda constituyen uno de los problemas de salud más extendidos. Practicar deporte de forma inadecuada aumenta el riesgo de que se produzcan lesiones de distinta gravedad.



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La columna vertebral es uno de los principales órganos del cuerpo. Gracias a ella se puede caminar y estar erguido. Protege la médula espinal y otorga al cuerpo el sentido de equilibrio, manteniendo el centro de gravedad estable necesario tanto para estar de pie como para poder andar. Por ello es un punto imprescindible del cuerpo que hay que proteger.

La composición articulada de la columna vertebral permite también realizar movimientos de flexión, extensión, rotación y flexión lateral. Todos ellos con las lógicas restricciones que determina la anatomía del cuerpo.

Dolores y lesiones

Los dolores de espalda suelen originarse por múltiples factores. Una mala posición mientras se trabaja, se duerme o estudia; el uso de un colchón inadecuado o mantenerse demasiado tiempo en la misma posición pueden provocar dolor en la columna vertebral.

Cuando existe una lesión de espalda, las torsiones y caídas, o movimientos tan comunes como doblarse o estirarse para alcanzar algún objeto, pueden agravar la dolencia.

El deporte y la columna vertebral

El deporte puede implicar un riesgo de espalda. Sobre todo, aquellas prácticas que obligan a realizar movimientos de flexión y extensión de la columna, y exigen la ejecución de torsiones bruscas o continuas, la carga de pesos excesivos, golpes o vibraciones.

Algunos deportes desarrollan mayormente un grupo muscular determinado, produciendo un desequilibrio en el dinamismo de la columna al repartir de forma desigual las cargas.

Por ello se recomenda que antes de iniciar la práctica de undeporte determinado, el deportista desarrolle un programa de ejercicios adecuados para garantizar un buen desarrollo de la musculatura implicada.

También será necesario el reconocimiento médico antes de empezar, ya que es importante la valoración de las características del paciente, de su estado de salud general, su estado cardiovascular y el estado de su espalda.

Los más adecuados

Los deportes más recomendados para la columna son la natación y la natación terapéutica. Éste es uno de los deportes que goza de mayor aceptación entre las personas con dolores vertebrales, y uno de los más recomendados por los médicos y fisioterapeutas. Sobre todo los estilos de crowl y espalda, ya que con ellos la musculatura lumbar trabaja de forma más simétrica.

La gimnasia de mantenimiento, andar (mejor que correr), la práctica del baloncesto (equilibrando el balance corporal), balonmano o voleibol son otros de los ejercicios que los médicos aseguran que son beneficiosos para la columna vertebral.

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Los menos recomendados

Entre los deportes que se desaconseja practicar y que cuentan con mayores riesgos de lesión, se encuentra el squash, ya que requiere movimientos bruscos e incontrolados, sobre todo en posturas de torsión y flexión de la columna que tienden a muscular más un lado que el otro.

Otro deporte no recomendado es el esquí, ya que el deportista mantiene durante los descensos la espalda doblada mucho tiempo. El ciclismo puede provocar sobrecargas o desequilibrios en los ligamentos y la musculatura de la espalda. Y la halterofilia en la que al levantar grandes pesos, la presión ejercida sobre la columna puede ser excesiva y por ello peligrosa.

Otros deportes que son perjudiciales para la columna vertebral son el patinaje artístico, el paracaidismo, el montañismo, el rugby, todo tipo deportes de lanzamientos, el judo, la lucha libre, la equitación y los denominados deportes extremos o de riesgo.

¿Cómo afrontamos el estrés en el deporte?



En toda situación de competición nos exponemos a la evaluación de alguna de nuestras capacidades, que en ámbito deportivo suelen ser mayormente las físicas. No obstante, las capacidades mentales para afrontar esta evaluación (situación estresante) marcarán la diferencia en el resultado final, el rendimiento y la ejecución óptima.

Por esta razón decimos que en el deporte la parte mental constituye, a la par que la física, el 50 % de la implicación en la realización de la actividad física.


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¿Qué estrategias utilizamos para evitar el estrés y cuáles son las más efectivas?

En primer lugar, definiremos brevemente cuál es la sintomatología ante un nivel de estrés descontrolado:

    Ansiedad y nerviosismo altos
    Disminución de la capacidad de concentración
    Aumento de la ansiedad-estado (ansiedad antes, durante o después de la competición)
    Aumento de la tensión muscular
    Manos y pies humedecidos
    Temblores
    Ruborizaciones
    Visión distorsionada
    Nauseas
    Necesidad de ir al baño
    Irritabilidad
    Confusión
    Olvidos
  
Para evitar o neutralizar estos síntomas que afectarán a la ejecución, existen dos niveles de actuación o de estrategias:

1. Respecto a la tarea: Se trata de cambiar o controlar la situación de estrés
    Las que más se usan y más efectivas son:

  • PLANIFICACIÓN DE LOS OBJETIVOS/METAS (a nivel de temporada y a nivel de carrera, por etapas)
  • REVISIÓN DEL MATERIAL
  • EJERCICIOS DE CALENTAMIENTO (EVITAR LESIONES-CONCENTRACIÓN)
  • PREVISIÓN, IDENTIFICACIÓN Y RESOLUCIÓN DE LOS IMPREVISTOS
  • EJERCICIOS DE RELAJACIÓN
  • VISUALIZACIÓN (de los movimientos ejecutivos en cada etapa)
  • FOCALIZACIÓN DE LA ATENCIÓN


2. Respecto a la emoción: Cambiar el significado de la situación estresante:

  • IDENTIFICACIÓN / SUSTITUCIÓN DE PENSAMIENTOS NEGATIVOS
  • RELAJACIÓN
  • TÉCNICAS DE AUTOMOTIVACIÓN ( PALABRAS, RITUALES…)
  • PRÁCTICA IMAGINADA ( Analogías imaginadas de la situación deportiva)
  • REEVALUACIÓN POSITIVA DE LA SITUACIÓN
  • CONCENTRACIÓN EN LA TAREA ( DISTANCIAMIENTO EMOCIONAL)

Todas estas técnicas se pueden y se deben entrenar del mismo modo que se entrena la resistencia física, ya que ayudan a tener también más resistencia y agilidad mental.

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Cada estrategia se puede llevar a cabo de diferentes maneras según el deporte y las características, preferencias o nivel de cada persona, por lo que es preciso escogerlas, combinarlas y adaptarlas al máximo a cada caso concreto.


Puedes empezar observando qué te pasa por la cabeza en cada momento, analiza lo bueno y lo malo y saca el máximo partido a nuestra parte mental.

lunes, 3 de marzo de 2014

Bebidas que engordan sin que te des cuenta



Zumo

Es sano y tiene muchas vitaminas, pero el zumo no es una bebida recomendable para tomar cuando quieres calmar la sed. Un vaso de 200 ml de zumo de frutas tiene entre 90 y 100 calorías. Si bebes tres vasos al día, ingieres tantas calorías como si comieses media tableta de chocolate. En Femenino

Si te gusta beber zumo, disfruta de un vaso al día tranquilamente, pero intenta reducir la cantidad. Si le añades algo de agua, podrás rebajar el porcentaje de calorías por vaso. Fíjate también en que los zumos que compras no tienen azúcar añadido. Y procura no añadirle por tu cuenta azúcar, sino que le eches sacarina si quieres endulzarlo.

Refrescos

¿Sabías que un refresco tiene tantas calorías como un zumo? Un vaso de 200 ml tiene unas 90 calorías. Por tanto, tampoco sirven para calmar la sed habitualmente.

Si te gusta el sabor, opta por las variantes sin azúcar, light o zero. Pero tampoco exageres y bebas mucha cantidad diariamente, estas bebidas contienen ácidos que dañan los dientes.

Batidos

En verano, o en cualquier estación, es difícil resistirse a un batido. Pero cuidado: los de chocolate, vainilla o fresa son auténticas bombas calóricas. 250 ml contienen de media 300 calorías.

Aún así, en comparación con otras especialidades de verano, como el frappé de café, con 570 calorías y el frappé de chocolate, con 730 calorías, los batidos no engordan tanto.

Clases de café

Cappuccino, latte macchiato o mokaccino, cuando tomas café con amigas en una cafetería, a veces te gusta variar. Lo que a lo mejor no sabes es que las múltiples clases de café pueden ser como una pequeña comida. Un vaso de latte macchiato de 300 ml llega a las 160 calorías. Si optas por una variedad edulcorada con sirope, añádele unas 50 calorías más. Menos calorías tiene el capuccino: 200ml equivalen a sólo 50 calorías.

Interesante: un café normal con leche y azúcar contiene 74 calorías. Bebe mejor café solo, está prácticamente libre de calorías. Y si te da igual… ¡Elige sacarina!

Cerveza

Seguro que alguna vez has oído hablar de la barriga cervecera. Ésta obviamente no se debe sólo a la cerveza, sino más bien a los aperitivos que solemos tomar con ella y a un estilo de vida sedentario. Pero la cerveza también contiene unas cuantas calorías. De media un vaso de 200 ml está alrededor de las 80 calorías. Depende un poco del tipo: las ligeras como la pilsen, la negra y la de trigo tienen unas 40 calorías por 100 ml, mientras que las fuertes como la bock (de más de 14% de alcohol) llegan a las 54 calorías.

Quienes piensan que la cerveza de raíz va mejor, porque no tiene alcohol, se equivocan. Por cada 100 ml contiene 55 calorías. Con una clara tampoco te ahorras calorías. Las cervezas con poco alcohol o sin él son buenas opciones para cuidar la línea sin prescindir de esta bebida. En estas variantes sólo tomarás 50 calorías con cada vaso de 200 ml.

Vino

¿Vino blanco o rosado? Desde el punto de vista calórico, no hay ninguna diferencia, un vaso de 125 ml tiene alrededor de 80 calorías. Un vaso de vino tinto hasta 100. Eso sí, como decimos con todo, bébelo conmoderación en las reuniones sociales para no sumar demasiadas calorías copa tras copa.

Cócteles

Hay muchos tipos de cócteles y el contenido en calorías es muy distinto de unos a otros, pero hay algo que tienen en común: ninguno es bajo en calorías.

Sorprendentemente, la piña colada, con nata, tiene aproximadamente tantas calorías como el frutal tequila sunrise: unas 200 calorías en un vaso de 200 ml. Una caipiriña tiene incluso más: 320 calorías por cada 300 ml.

Las combinaciones de vodka y zumo, como el vodka con naranja, contienen 155 calorías por cada vaso de 150 ml. aunque, eso sí, suelen ser las menos calóricas.