Se habla a menudo sobre la adherencia o apego al programa de
ejercicio, es decir a la capacidad para que el programa de ejercicio logre que
un individuo cumpla con el mismo y persista en él porque le genera cambios
observables y no observables que le son particularmente beneficiosos para su
persona e incluso su entorno.
Es claro que el apego es una circunstancia que obedece a
muchos elementos que no necesariamente están relacionados con la naturaleza de
la actividad física o deportiva elegida.
Esto que ahora comento puede no ser el caso específico de
muchos de los lectores que frecuentan esta página, pues se dirán: ¡mi problema
particular no es ese, pues yo me
encuentro en una fase en la que entreno para competir!; esto que menciono es
cierto y podría aplicar claramente a muchos corredores con cierta historia,
pero me permito estas líneas para referirme a aquellas personas que están cerca
de los corredores (amigos o familiares) que muchas veces se tratan de enganchar
en nuestro mundo y un buen día deciden “empezar a correr”.
Sucede entonces, que se compran sus zapatillas, su ropa deportiva,
se entusiasman, se auto motivan y comienzan, muchas veces en nuestra compañía,
a “entrenar”.
Pues bien, existen datos muy interesantes que nos dicen que
de muchos de estos entusiastas, sólo el 10 a 15% continuará con la actividad
física como una forma de vida. ¿Pero, que pasó con el resto?
La respuesta es obvia, se alejan por (casi siempre) una
falta de apego al ejercicio que, según el Colegio Americano de Medicina del
deporte (ACSM por sus siglas en inglés), se relaciona con los siguientes
factores:
- Pobre liderazgo
- Inconvenientes de tiempo
- Problemas músculo esqueléticos
- Aburrimiento en el ejercicio
- Pobre compromiso individual
- Falta de conciencia de progreso
- Desaprobación por parte de su pareja
Si bien estos son los factores que el ACSM marca como los más comunes, seguramente no son los
únicos. Me parece ahora prudente hablar de los factores que se reconocen como
variables positivas para una adherencia al ejercicio y estos son:
- Buena instrucción y buenos estímulos.
- Rutina regular.
- Libre de lesiones.
- Actividad divertida y variable.
- Participación grupal.
- Evaluación progresiva y registrada.
- Aprobación de la pareja.
Perfecto, ya conocemos los factores negativos y los
positivos, claro, en papel son buenos consejos, pero ¿cuáles son las
estrategias que podrían ayudar a un individuo a apegarse a su programa de
ejercicio y mejorar su calidad de vida? Bien, me permito mencionar algunas
breves estrategias de muchas que ayudan en ese sentido:
Preparación para el ejercicio:
Los profesionales del ejercicio (médico del deporte,
fisiólogo del ejercicio, entrenador deportivo, nutriólogo, etc.) deberán
establecer un diagnóstico realista del paciente y hacerlas concordar con las
expectativas del participante. Corregir y redirigir la expectativas pesimistas
y realistas.
- Adaptación gradual a la forma física:
Respetar el principio de progresión y adaptar el ejercicio
al usuario novel, con el objetivo de que se sienta cómodo con cada carga
aplicada.
Establecer objetivos a corto plazo, medibles y evaluables
que se ajusten a las características biológicas, psicológicas y sociales del
usuario.
Se pueden utilizar mediciones o cartas que establezcan los
cambios en función a la evaluación inicial o a las anteriores.
- Flexibilidad del programa:
Que permita adaptar contenidos del entrenamiento diversos
que procuren cumplir el mismo objetivo.
Practicar técnicas de
automeditación o autocontrol para que el corredor que está empezando procure
comprender los cambios que se van a ir generando en sí mismo y su entorno a
través de su rutina.
Con lo anterior no pretendo agotar muchas de las estrategias
existentes para mejorar el apego o adherencia de los usuarios noveles al
ejercicio, pero sí al menos mostrar un
poco de lo mucho que podríamos hacer con estas personas que se encuentran a
nuestro lado intentando hacer un cambio en sus vidas.